Cómo hacer que su cerebro deje de preocuparse

¿Sabía que tenemos dos cerebros?

Bueno, estructuralmente podemos tener uno; pero cognitivamente tenemos dos: el cerebro “pensante” y el cerebro “no pensante”.

Nuestros cerebros están conectados para preocuparse primero y pensar después.

El neurólogo de la Universidad de Nueva York (NYU), Joseph LeDoux, lo resume muy bien: “las conexiones de los sistemas emocionales a los sistemas cognitivos (pensando) son más fuertes que las conexiones de los sistemas cognitivos a los sistemas emocionales“.

El sistema del que habla el Dr. LeDoux es el sistema límbico, que es un conjunto de estructuras profundas que evocan la respuesta emocional. El sistema límbico, que incluye el hipocampo y la amígdala, es el más antiguo del cerebro.

La parte pensante de nuestro cerebro, la corteza prefrontal (CPF) es la más nueva. Esto ayuda a explicar por qué, aunque somos criaturas inteligentes, a veces tomamos decisiones tontas. Tal vez compramos algo en “venta” por miedo a que la venta se acabe, o nos tomamos un helado grande Ben y Jerry’s por la noche aunque tengamos “pesar” a la mañana siguiente.

El cerebro “preocupante” prevalecerá sobre el cerebro “pensante” cada vez que no sepamos anularlo.

Pero no se equivoque, es esencial saber cómo dominar el cerebro preocupante.

Debido al ritmo acelerado, 24/7, la sociedad “siempre en marcha” diseñada para nosotros, estamos abrumados por la estimulación. La estimulación, independientemente de que sea positiva o negativa, activa la respuesta de lucha o huida del cerebro.

Sobreestimulación más agobio es igual a malas decisiones.

Anulación del sistema límbico

Si pudiera ver dentro de su cerebro cuando sus ojos se encuentran con algún objeto o algo que le gusta (zapatos, ropa, un hombre apuesto, una mujer hermosa), vería una enorme cantidad de actividad eléctrica disparada desde el sistema límbico hasta su cortex.

Su cerebro emocional le está diciendo a su cerebro pensante qué hacer.

Ahora, hay buenas noticias y malas noticias. La buena noticia es que usted puede anular la tendencia de su sistema límbico a dejar que las emociones controlen su vida. La mala noticia es que lleva tiempo y esfuerzo.

Pero si está dispuesto a invertir ese tiempo y esfuerzo, cosechará increíbles recompensas.

Como incentivo, por favor saque un pedazo de papel y bolígrafo.

Ahora, anote tres posible beneficios que puede tener si las emociones no controlan su vida. Tómese 2-3 minutos. Por favor, no siga adelante hasta que haya anotado estos tres beneficios – es esencial para el resto de este artículo.

(Dejó el papel en blanco intencionalmente… ha terminado, ¿verdad?)

¡De acuerdo entonces!

Para mostrarle que este escritor es fiel a su palabra, aquí hay tres posibilidades:

  1. Estar menos estresado
  2. Ahorrar más dinero
  3. Ser más productivo

¡Guarde esta lista en algún lugar donde pueda verla! Servirá como un gran motivador cuando las cosas se pongan difíciles.

CÓMO DEJAR DE PREOCUPARSE TANTO

Para ser claros, nuestra meta es revertir la vía predeterminada del cerebro desde el sistema límbico hasta la corteza cerebral. Es decir, para que la corteza cerebral le diga al sistema límbico qué hacer.

Vamos a discutir cinco pasos que, si se estudian y practican regularmente, le ayudarán a controlar al cerebro preocupante. Es útil llevar un diario, ya que estos pasos requerirán profundizar en sus pensamientos. Escribir tus pensamientos en papel hará dos cosas: (1) te ayudará a recordar los cinco pasos, y (2) proporcionará contexto a los pensamientos fugaces.

Susan Krauss Whitbourne, psicóloga y profesora Emerita of Psychological and Brain Sciences en la Universidad de Massachusetts Amherst, nos da una “serie de cinco pasos” para superar con éxito el sistema límbico:
1. EXAMINAR SUS CREENCIAS IRRACIONALES

A menudo tenemos creencias ilógicas que nos llevan a ver la amenaza donde realmente no existe. La mayoría de estas creencias implican nuestra necesidad de estar a la altura de los “debes” de la vida. Encuentre un equilibrio más realista entre su ideal y su ser real, y sus preocupaciones desaparecerán.

2. APRENDA A HABLAR A TRAVÉS DE SUS SENTIMIENTOS

En la terapia cognitivo-conductual, los pacientes aprenden a contrarrestar sus pensamientos ilógicos con una evaluación más clara. Gran parte de este proceso implica sustituir las formas negativas en que la gente piensa por pensamientos más neutrales o positivos.

3. DEJAR DE LADO LOS SENTIMIENTOS CUANDO TOME DECISIONES IMPORTANTES

Somos fácilmente influenciados por argumentos emocionales. Los abogados litigantes hacen un negocio exitoso al apelar a las emociones de los jurados, esperando que ellos dejen que su simpatía por la víctima supere sus juicios sobre su responsabilidad legal. Ningún ser humano nunca será completamente desapasionado en tales situaciones, pero mientras más se pueda separar la lógica de la emoción, más probable es que se tomen decisiones justas y razonadas.

4. CONSEGUIR APOYO DE ALGUIEN QUE PUEDA AYUDARLE

Nuestras emociones reaccionan con rapidez y contundencia a ciertas experiencias, y a veces no podemos controlar esos sentimientos. Es por eso que los padrinos son tan cruciales en programas como Alcohólicos Anónimos. Esa otra persona puede servir como su “corteza” cuando la suya está fuertemente bajo la influencia de una adicción que está gobernando su sistema límbico.

5. DESARROLLAR LA CONFIANZA EN SU AUTOCONTROL

De acuerdo con la noción de autoeficacia, las personas pueden ganar control sobre sus conductas problemáticas cuando se consideran capaces de ejercer ese control. A medida que se adquiere la fuerza de las buenas decisiones, de la conquista de sus preocupaciones o del control de sus impulsos, gradualmente descubre que esos impulsos y miedos le dominan cada vez menos.

Fuente: CONOCERMEMÁS

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La importancia psicológica de “perder el tiempo”

En italiano existe una frase que haría a más de uno llevarse las manos a la cabeza: “il dolce far niente“. Significa disfrutar del placer de no hacer nada.

Para quienes piensan que el tiempo es dinero, la simple idea de dejar que los minutos transcurran sin hacer nada puede parecerles una locura increíble. Sin embargo, el tiempo no es dinero, el tiempo es vida, y quizá deberíamos replantearnos cómo lo estamos utilizando. ¿Es tan terrible perder el tiempo?

La frenética búsqueda de la productividad genera culpabilidad

Siempre tendremos por delante una lista interminable de trabajo pendiente y tareas por terminar, así como una implacable cultura de productividad que nos empuja y nos dice que tenemos que hacerlo todo de inmediato y que debemos sentirnos terriblemente culpables por el tiempo “perdido”.

Productividad, eficacia y procrastinación

Palabras como productividad, eficacia y procrastinación no solo se han insertado exitosamente en nuestro léxico, sino que también se han hecho un hueco en nuestra manera de pensar, determinando cómo organizamos nuestra jornada y, lo que es aún peor, cómo nos sentimos al respecto.

Perseguimos frenéticamente la productividad, hasta tal punto que no logramos descansar de verdad. Mientras damos un paseo, nos tomamos un día libre o incluso mientras leemos o vemos una peli, nuestra mente se mantiene ocupada en las cosas que deberíamos estar haciendo. Así terminamos abrumados por la culpa.

Sensación de culpabilidad al perder el tiempo

Para exorcizar esa sensación de culpabilidad, recurrimos a la peor estrategia posible: navegar sin rumbo por internet o sumergirnos en maratones televisivos. Eso mantiene nuestra mente relativamente ocupada, pero no contribuye a nuestra productividad y menos aún a la felicidad.

De hecho, una encuesta realizada por Netflix reveló que el 76% de sus usuarios reconocen someterse a maratones de series como un remedio para escapar de sus vidas ocupadas. Sin embargo, un estudio de la Universidad de Texas descubrió que los maratones televisivos están relacionados con la soledad y la depresión: no nos hacen más felices ni nos ayudan a desconectar de verdad.

Perder el tiempo es tan importante como aprovecharlo

Grandes personajes como Charles Dickens, Gabriel García Márquez y Charles Darwin seguían horarios bastante relajados, trabajaban cinco horas al día o menos. Se dice que Albert Einstein necesitaba dormir unas 10 horas e incluso tomaba pequeñas siestas.

Muchos genios sabían que perder el tiempo es tan importante como aprovecharlo trabajando. Eran conscientes de la importancia del descanso, la relajación y el sueño, ya que en esos momentos se activa en el cerebro la red neuronal por defecto que es, precisamente, la que se pone en marcha para producir las ideas más originales y creativas.

Ser más productivo no significa trabajar más

Por tanto, debemos deshacernos de la creencia de que la productividad es sinónimo de trabajar más. Los estudios realizados por la OCDE muestran que en los países más prósperos y productivos se trabajan menos horas. En 2016, Alemania lideraba la lista de productividad en la Unión Europea, pero sus trabajadores dedicaban una media de 1.363 horas, mientras que en España se trabaja una media de 1.695 horas anuales pero la productividad es más baja.

Relajarse de verdad, desconectándonos por completo del trabajo y dedicándonos a actividades regeneradoras, como la terapia del bosque, o simplemente disfrutando de buena música sin hacer nada, nos permite deshacernos del cansancio mental,desarrollar un estado emocional más positivo y recuperar nuestro equilibrio psicológico.

Descansar nos permite pensar mejor y ser más creativos

Descansar también nos permite adoptar nuevas perspectivas para hallar mejores soluciones a los problemas. Un estudio realizado en la Universidad del Sur de California desveló que tomamos mejores decisiones cuando estamos relajados ya que podemos sopesar con mayor objetividad los pros y los contras de la situación en la que estamos inmersos. Por tanto, ahora ya lo sabes: cuando no haces nada, en realidad te estás haciendo un enorme favor.

¡Abraza esos momentos y asúmelos como lo que son: tiempo muy bien empleado!

Fuente: muhimu

La creatividad se aprende igual que se aprende a leer

Entrevista a Sir Ken Robinson, experto que preconiza un sistema educativo que enseñe a innovar.

Un día visitando un cole vi a una niña de seis años concentradísima  dibujando. Le pregunté: “¿Qué dibujas?”. Y me contestó: “La cara de Dios”.
¡. ..!
“Nadie sabe cómo es”, observé. “Mejor – dijo ella sin dejar de dibujar-,ahora lo sabrán”.

Todo niño es un artista.
Porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse… Hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.

Los niños también se equivocan.
Si compara el dibujo de esa niña con la Capilla Sixtina, desde luego que sí, pero si la deja dibujar a Dios a su manera, esa niña seguirá intentándolo. El único error en un colegio es penalizar el riesgo creativo.

Los exámenes hacen exactamente eso. No estoy en contra de los exámenes, pero sí de convertirlos en el centro del sistema educativo y a las notas en su única finalidad. La niña que dibujaba nos dio una lección: si no estás preparado para equivocarte, nunca acertarás, sólo copiarás. No serás original.

¿Se puede medir la inteligencia?
La pregunta no es cuánta inteligencia, sino qué clase de inteligencia tienes. La educación debería ayudarnos a todos a encontrar la nuestra y no limitarse a encauzarnos hacia el mismo tipo de talento.

¿Cuál es ese tipo de talento?
Nuestro sistema educativo fue concebido para satisfacer las necesidades de la industrialización: talento sólo para ser mano de obra disciplinada con preparación técnica jerarquizada en distintos grados y funcionarios para servir al Estado moderno.

La mano de obra aún es necesaria.
¡Pero la industrialización ya no existe! Estamos en otro modo de producción con otros requerimientos, otras jerarquías. Ya no necesitamos millones de obreros y técnicos con idénticas aptitudes, pero nuestro sistema los sigue formando. Así aumenta el paro.

Pero se nos repite: ¡innovación!
La piden los mismos que la penalizan en sus organizaciones, universidades y colegios. Hemos estigmatizado el riesgo y el error y, en cambio, incentivamos la pasividad, el conformismo y la repetición

No hay nada más pasivo que una clase.
¿Es usted profesor, verdad? Las clases son pasivas porque los incentivos para estar calladito y tomar apuntes que repetirá son mayores que los de arriesgarse a participar y tal vez meter la pata. Así que, tras 20 años de educación en cinco niveles que consisten en formarnos para unas fábricas y oficinas que ya no existen, nadie es innovador.

¿Cuáles son las consecuencias?
Que la mayoría de los ciudadanos malgastan su vida haciendo cosas que no les interesan realmente, pero que creen que deben hacer para ser productivos y aceptados. Sólo una pequeña minoría es feliz con su trabajo, y suelen ser quienes desafiaron la imposición de mediocridad del sistema.

Tipos con suerte…
Son quienes se negaron a asumir el gran error anticreativo: creer que sólo unos pocos superdotados tienen talento.

“Sé humilde: acepta que no te tocó”.
¡Falso! ¡Todos somos superdotados en algo! Se trata de descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la educación. Hoy, en cambio, está enfocada a clonar estudiantes. Y debería hacer lo contrario: descubrir qué es único en cada uno de ellos.

¿La creatividad no viene en los genes? Es puro método. Se aprende a ser creativo como se aprende a leer. Se puede aprender creatividad incluso después de que el sistema nos la haya hecho desaprender.

Por ejemplo…
Soy de Liverpool y conozco el instituto donde recibieron clases de música mi amigo sir Paul McCartney y George Harrison… ¡Dios mío! ¡Ese profesor de música tenía en su clase al 50 por ciento de los Beatles!

Y…
Nada. Absolutamente nada. McCartney me ha explicado que el tipo les ponía un disco de música clásica y se iba a fumar al pasillo.

A pesar del colegio, fueron genios.
A Elvis Presley no lo admitieron en el club de canto de su cole porque “desafinaba”. A mí, en cambio, un poliomielítico, me admitieron en el consejo del Royal Ballet…

Ahí, sir, acertaron de pleno.
Allí conocí a alguien que había sido un fracaso escolar de ocho años. Incapaz de estar sentada oyendo una explicación.

¿Una niña hiperactiva?
Aún no se había inventado eso, pero ya se habían inventado los psicólogos, así que la llevaron a uno. Y era bueno: habló con ella a solas cinco minutos; le dejó la radio puesta y fue a buscar a la madre a la sala de espera; juntos espiaron lo que hacía la niña sola en el despacho y… ¡estaba bailando!

Pensando con los pies.
Es lo que le dijo el psicólogo a la madre y así empezó una carrera que llevó a esa niña, Gillian Lynne, al Royal Ballet; a fundar su compañía y a crear la coreografía de Cats o El fantasma de la ópera con Lloyd Webber.

Si hubiera hecho caso a sus notas, hoy sería una frustrada.
Sería cualquier cosa, pero mediocre. La educación debe enfocarse a que encontremos nuestro elemento: la zona donde convergen nuestras capacidades y deseos con la realidad. Cuando la alcanzas, la música del universo resuena en ti, una sensación a la que todos estamos llamados.

 Fuente: La Vanguardia