La espiritualidad de los animales

Los animales y sus amos suelen tener un vínculo muy especial y profundo. Los animales conectan de manera muy profunda con sus cuidadores, esto se produce porque los animales no tienen ego, no tienen que cumplir con unas “reglas” sociales. Ellos son más aunténticos y se guían por el amor y la conexión.
Podemos darles de comer, asearlos, llevarlos al veterinario para vacunarlos y a cambio, calman nuestras almas de una manera sutil, pero perceptible. Cuanto más abiertos estamos a los dones espirituales que nos ofrecen nuestras mascotas, más podemos compartir esos dones con ellas.

Los animales son una gran bendición para las personas que no cicatrizan las heridas emocionales. Son unos magnificos curanderos, aman sus talentos y sienten alegría al darlos a los demás… sin embargo, a menudo se sienten drenados por la falta de energía recíproca. Ellos dan mucho y no reciben otro tanto de vuelta.

Los animales, por su propia naturaleza, transmutan la energía discordante del estrés. Son como las señoras de la limpieza espiritual que entran en nuestra conciencia y limpian los derrames de la agitación emocional del día.

La comunidad científica valida este concepto. Se han hecho estudios que demuestran que las personas con una mascota, se recuperan más rápidamente de una operación, o que los ancianos dueños de mascotas, viven vidas más largas y saludables que los no propietarios de animales domésticos.

La conciencia del ser humano se refleja en la conciencia del animal. Cuando estamos a punto de dar un salto de conciencia, un animal puede entrar en nuestra vida para representar ese cambio y para ayudar en la transición.

Si ya tenemos mascotas y estamos pasando por una transición, a veces el animal puede tener un problema de salud, puede huir o incluso morir.

Durante la investigación de este artículo, he encontrado información interesante sobre la evolución de los animales en los escritos de Paramahansa Yogananda. En los estados metafísicos hindues: “La atención, la intuición y la evolución de los animales puede ser acelerada mediante la formación de una persona intuitiva. Escuche los sonidos pronunciados por diferentes animales cuando están felices, bulliciosos o celosos, poco a poco será capaz de interpretarlos y utilizarlos para hablar con los animales y ayudarles a acelerar su evolución, una telepatía mental, de hecho, se establece entre los seres humanos y sus mascotas. La interacción humana puede acelerar la intuición de los animales y por lo tanto acelerar su evolución. Recuerde que Dios está en todos.“

Si usted es una persona metafísicamente orientada, puede confiar en que el alma de su mascota le ha señalado a usted con el fin de beneficiarse de su nivel de conciencia. La energía del animal se incrementa, tal vez porque quiere dar el salto de una especie a otra en su próxima encarnación. Usted está apoyando a ese animal en la preparación de ese salto. A cambio, su mascota le está sirviendo incansablemente en un nivel subconsciente. Existe un equilibrio natural maravilloso y armónico entre los dos.

Puesto que los animales nos ayudan a transmutar nuestra infelicidad y negatividad, las mascotas nos ayudan a ser mejor persona. Cuando seamos receptivos y conscientes de la labor subconsciente que nuestras mascotas están haciendo, estaremos más dispuestos a servirlos y cuidar de ellos, lo que ayuda a acelerar la evolución de su alma. Es una situación de ganar-ganar.

Esto no quiere decir que los humanos sean una especie superior, conocemos muchos animales que son casi humanos, como si estuvieran en la línea divisoria entre las especies. Algunos animales ansían tener la experiencia del alma del ser humano – y podemos ayudar a los animales con ese deseo. Nosotros, a su vez, tenemos mucho que aprender de nuestros amigos los animales.

Los seres humanos tienen un ego más desarrollado que los animales, y es obvio que nuestro ego puede ayudarnos o perjudicarnos. Debemos usar nuestra fuerza de voluntad sabiamente. Aprendemos a ser humildes en presencia de los animales, para ser más amables y menos egoístas. Gracias a nuestras mascotas podemos aprender cómo aprovechar la energía de nuestro ego para realizar acciones positivas y constructivas.

Fuente: Evolución Consciente

GuardarGuardar

Anuncios

Solo Respira

El original y precioso cortometraje que ayuda a niños y adultos a lidiar con sus emociones.

Julie Bayer Salzman y Josh Salzman le hablan a distintos chicas y chicos acerca de sus emociones y cómo se sienten. Este ejercicio te hará entender lo bueno que es mantener la atención en los niños para que estén emocionalmente saludables:

Es difícil expresar las emociones a cualquier edad. Y, es un desafío aún mayor descubrir por primera vez qué y cómo es lo que estamos sintiendo cuando tenemos pena o rabia. Es por esto que el dúo tituló este cortometraje de solo 4 minutos como “Solo Respira”.

Ambos crearon este video porque se inspiraron en una conversación que escucharon de su hijo de 5 años. El pequeño estaba hablando con un amigo y le contaba cómo sus emociones afectaban diferentes partes de su cerebro y cómo había que calmarse a través de simples respiros.

Fue ahí cuando se dieron cuenta de que tenían que divulgar este tema para lograr que todas las escuelas le enseñen a los niños este significado social tan importante.

El cuerpo es la caja negra que registra todo

Mario Salvador es psicólogo especializado en el trauma, esa mochila que sobrecarga una vida. Liberándose de ella, dice, surge el verdadero ‘yo’.

De niño, este psicólogo y psicoterapeuta gallego quiso ser arqueólogo, porque uno de sus profesores les llevaba, a los alumnos, a descubrir tesoros por el campo, a tocar la historia con las manos. Hoy, Mario Salvador (Lugo, 1959), se podría decir que ha fusionado la arqueología con la psicología. Estudia el arte de la psicoterapia como camino para hallar el tesoro más bien guardado de las personas: su verdadero yo. Para ello necesita levantar pesadas piedras, traumas que las vivencias van registrando en la mente y, siempre también -asegura-, en el cuerpo.

-¿Al cuerpo no se le pasa nada por alto? El cuerpo es como una caja negra en la que todo queda registrado. En la vida, cada uno vamos construyendo nuestras ideas del yo, en base a las experiencias que vivimos, algunas más o menos traumáticas. Acceder a los momentos en los que se escribió el mapa de esos diferentes yopermite reescribir lo que somos. Las ideas del yo son mutables, y accediendo a la caja negra, podemos llegar a la dimensión esencial de uno mismo.

-Por eso, a su libro sobre el yo y los traumas que lo cubren, lo ha titulado ‘Más allá del yo’ (ed. Elefthería). ¿A quién va dirigido? Está llegando al público en general, aunque en principio, lo hice pensando en los profesionales de la psicología y la psicoterapia. Porque la psicología, hasta ahora, ha estado muy basada en la evidencia, solo lo que la ciencia ha podido demostrar se aplica. Pero la ciencia es una lente muy pequeña, no solo funciona lo que ella explica. Cada cosa tiene un significado único para cada uno, porque somos muy complejos, y ser comprendido es un proceso de relación.

-¿Cómo sabes que te comprenden? Porque la respuesta que te da el otro está en sintonía, encaja. Si tú estás enfadado y yo te tomo en serio, eso encaja. Si tu estás asustado, y yo te ofrezco protección, encaja. Si estás triste y empiezo a explicar chistes, no encaja. Yo resueno con tu experiencia, sea de trauma o de placer.

-¿Cómo atrapa el cuerpo al trauma? En realidad, no son los acontecimientos lo que nos traumatiza, el trauma es algo muy físico, muy corporal. Depende de cómo nuestro cuerpo responde, de una manera refleja, a algo que nos amenaza. No manda nuestro cerebro pensante, sino el cerebro subcortical, sin pensamiento ni lenguaje. Ante una amenaza, podemos luchar, huir o, si no se puede escapar, un temor inenarrable queda congelado, nos paraliza y produce una desregulación orgánica y hormonal. Aún se conoce poco cómo el trauma afecta a nuestra biología. Muchas enfermedades autoinmunes tienen su origen en traumas como un desprecio. El cuerpo recuerda toda historia vivida.

-¿Y cómo se lee el cuerpo? Escuchándolo, fijándonos en nuestras sensaciones físicas y reacciones, gestos y microexpresiones. La práctica del mindfulness nos ayuda mucho en la terapia, hablar es solo la puerta de entrada, la profunda relación consigo mismo llega escuchando el propio cuerpo, y el mindfulness permite hacerlo observando con amor y aceptación de las propias experiencias y emociones, sin intervenir racionalmente.

-Es como hacerse amigo de uno mismo. Sí, una buena terapia es la que logra reinstaurar la autocapacidad de cura, con libertad, con capacidad de elección desde la conciencia. Cuerpo y cerebro tienen una capacidad innata para curarse. Pero para curar el trauma, hay que querer mirarlo.

-¿Cuál es el trauma que más acusan sociedades como la nuestra? El peor y más común es el trauma del déficit en las vinculaciones personales, los traumas más dañinos tienen que ver con la falta de seguridad, apoyo y cuidado en las relaciones, y el trauma de nuestra cultura es calmar en el consumo la necesidad de lo que de las personas no recibimos.

Fuente: El Periodico

*Si quieres acceder a tu “caja negra”, inscríbete en el próximo Taller Mindfulness a través del Movimiento en Feldenkrais Barcelona.

El nuevo desafío que enfrentamos como adultos no es aprender, es desaprender

La necesidad de seguir actualizando nuestro saber a lo largo de toda la vida lleva a renunciar a la comodidad que ofrece el terreno conocido.

A través de la historia, la humanidad fue acumulando conocimiento de manera gradual y lenta. El ritmo al que el saber perdía vigencia era también lento y eso nos llevó a diseñar nuestra vida con una etapa inicial de aprendizaje que incluye unos 10 a 20 años de educación formal e informal, para luego dedicar el tiempo que nos quede a aplicar el saber adquirido en nuestra tarea profesional adulta. En esa segunda etapa, la mayoría dedicamos mucho menos tiempo a seguir estudiando, a actualizar lo que aprendimos, que en aquellos años formativos iniciales.

La aceleración del cambio de las últimas décadas está poniendo en jaque esta manera de encarar la vida. ¿En qué medida puede, por ejemplo, un médico formado hace 30 o 40 años ejercer su actividad de manera efectiva hoy? ¿Cuánto tiempo debería dedicar a ponerse (y luego mantenerse) al día al ritmo que se genera nuevo conocimiento? ¿Y cómo es posible compatibilizar esa gran inversión de horas con la alta demanda que ya implica su trabajo diario actual? La idea de estudiar una carrera durante 4 o 5 años de joven para adquirir el saber de nuestra profesión y luego trabajar de ella por el resto de nuestra vida empieza a resultar insostenible. Samuel Arbesman, en su libro La vida útil de los datos, estima que en la mayoría de las áreas la “fecha de expiración” del conocimiento no llega hoy a los 10 años.

Esta reciente necesidad de seguir actualizando nuestro saber a lo largo de toda la vida ha puesto en foco la atención de muchos investigadores en la dificultad creciente de aprender en la edad adulta. Sin embargo, para mí esta manera de ver el tema pasa por alto el aspecto más problemático. El nuevo desafío más difícil que enfrentamos como adultos no es aprender. Es desaprender.

Todo conocimiento nuevo que adquirimos debe integrarse conceptualmente con nuestros saberes previos. Algunas novedades encajan fácilmente con lo que ya sabíamos y nos resulta rápido y sencillo incorporarlas, porque refuerzan nuestras creencias. Pero otras novedades chocan con algunas de las certezas que el estudio y la experiencia previa nos llevaron a adquirir y entran en conflicto con nuestra manera de ver el mundo. En algún sentido, como niños éramos un recipiente vacío, listo para ser llenado. Como adultos, estamos ya llenos de convicciones y prejuicios. Agregar contenido implica en ocasiones desprendernos de lo previo, renunciar a la comodidad que ofrece el terreno conocido.

Es importante entender que en este proceso nuestras tendencias mentales no nos ayudan. El brillante psicólogo israelí Daniel Kahneman mostró con sus experimentos que la “resistencia al cambio” y la “preferencia por el statu quo” son dos sesgos cognitivos que están profundamente arraigados en el funcionamiento de nuestra mente. Una vez que sabemos algo, nos cuesta muchísimo revisarlo.

Si nos dejamos llevar por nuestras tendencias naturales será fácil disfrazar la resistencia al cambio con racionalizaciones que nos eviten el problema de desaprender. Pero como seres culturales que somos, tenemos el exclusivo privilegio de poder pelear contra nuestra naturaleza. Sólo a partir del esfuerzo consciente por volver a poner un signo de pregunta a nuestras certezas podemos encontrar el camino a desaprender y reaprender como modo de vida.

El desafío es grande, pero el premio también: en el plano social, la oportunidad de ser protagonistas del mundo que viene. En el plano personal, seguir creciendo y ampliando nuestros horizontes, cualquiera sea la edad que tengamos.

El autor es emprendedor y tecnólogo, autor del libro Pasaje al futuro (Sudamericana)

Fuente: La Nacion