Solo Respira

El original y precioso cortometraje que ayuda a niños y adultos a lidiar con sus emociones.

Julie Bayer Salzman y Josh Salzman le hablan a distintos chicas y chicos acerca de sus emociones y cómo se sienten. Este ejercicio te hará entender lo bueno que es mantener la atención en los niños para que estén emocionalmente saludables:

Es difícil expresar las emociones a cualquier edad. Y, es un desafío aún mayor descubrir por primera vez qué y cómo es lo que estamos sintiendo cuando tenemos pena o rabia. Es por esto que el dúo tituló este cortometraje de solo 4 minutos como “Solo Respira”.

Ambos crearon este video porque se inspiraron en una conversación que escucharon de su hijo de 5 años. El pequeño estaba hablando con un amigo y le contaba cómo sus emociones afectaban diferentes partes de su cerebro y cómo había que calmarse a través de simples respiros.

Fue ahí cuando se dieron cuenta de que tenían que divulgar este tema para lograr que todas las escuelas le enseñen a los niños este significado social tan importante.

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El cuerpo es la caja negra que registra todo

Mario Salvador es psicólogo especializado en el trauma, esa mochila que sobrecarga una vida. Liberándose de ella, dice, surge el verdadero ‘yo’.

De niño, este psicólogo y psicoterapeuta gallego quiso ser arqueólogo, porque uno de sus profesores les llevaba, a los alumnos, a descubrir tesoros por el campo, a tocar la historia con las manos. Hoy, Mario Salvador (Lugo, 1959), se podría decir que ha fusionado la arqueología con la psicología. Estudia el arte de la psicoterapia como camino para hallar el tesoro más bien guardado de las personas: su verdadero yo. Para ello necesita levantar pesadas piedras, traumas que las vivencias van registrando en la mente y, siempre también -asegura-, en el cuerpo.

-¿Al cuerpo no se le pasa nada por alto? El cuerpo es como una caja negra en la que todo queda registrado. En la vida, cada uno vamos construyendo nuestras ideas del yo, en base a las experiencias que vivimos, algunas más o menos traumáticas. Acceder a los momentos en los que se escribió el mapa de esos diferentes yopermite reescribir lo que somos. Las ideas del yo son mutables, y accediendo a la caja negra, podemos llegar a la dimensión esencial de uno mismo.

-Por eso, a su libro sobre el yo y los traumas que lo cubren, lo ha titulado ‘Más allá del yo’ (ed. Elefthería). ¿A quién va dirigido? Está llegando al público en general, aunque en principio, lo hice pensando en los profesionales de la psicología y la psicoterapia. Porque la psicología, hasta ahora, ha estado muy basada en la evidencia, solo lo que la ciencia ha podido demostrar se aplica. Pero la ciencia es una lente muy pequeña, no solo funciona lo que ella explica. Cada cosa tiene un significado único para cada uno, porque somos muy complejos, y ser comprendido es un proceso de relación.

-¿Cómo sabes que te comprenden? Porque la respuesta que te da el otro está en sintonía, encaja. Si tú estás enfadado y yo te tomo en serio, eso encaja. Si tu estás asustado, y yo te ofrezco protección, encaja. Si estás triste y empiezo a explicar chistes, no encaja. Yo resueno con tu experiencia, sea de trauma o de placer.

-¿Cómo atrapa el cuerpo al trauma? En realidad, no son los acontecimientos lo que nos traumatiza, el trauma es algo muy físico, muy corporal. Depende de cómo nuestro cuerpo responde, de una manera refleja, a algo que nos amenaza. No manda nuestro cerebro pensante, sino el cerebro subcortical, sin pensamiento ni lenguaje. Ante una amenaza, podemos luchar, huir o, si no se puede escapar, un temor inenarrable queda congelado, nos paraliza y produce una desregulación orgánica y hormonal. Aún se conoce poco cómo el trauma afecta a nuestra biología. Muchas enfermedades autoinmunes tienen su origen en traumas como un desprecio. El cuerpo recuerda toda historia vivida.

-¿Y cómo se lee el cuerpo? Escuchándolo, fijándonos en nuestras sensaciones físicas y reacciones, gestos y microexpresiones. La práctica del mindfulness nos ayuda mucho en la terapia, hablar es solo la puerta de entrada, la profunda relación consigo mismo llega escuchando el propio cuerpo, y el mindfulness permite hacerlo observando con amor y aceptación de las propias experiencias y emociones, sin intervenir racionalmente.

-Es como hacerse amigo de uno mismo. Sí, una buena terapia es la que logra reinstaurar la autocapacidad de cura, con libertad, con capacidad de elección desde la conciencia. Cuerpo y cerebro tienen una capacidad innata para curarse. Pero para curar el trauma, hay que querer mirarlo.

-¿Cuál es el trauma que más acusan sociedades como la nuestra? El peor y más común es el trauma del déficit en las vinculaciones personales, los traumas más dañinos tienen que ver con la falta de seguridad, apoyo y cuidado en las relaciones, y el trauma de nuestra cultura es calmar en el consumo la necesidad de lo que de las personas no recibimos.

Fuente: El Periodico

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El esfuerzo invertido

Si no sabes nadar y te caes al agua e intentas mantenerte a flote desesperadamente y lleno de angustia, con todo el miedo natural que tienes de no saber nadar, cuanto más te menees y más te sacudas, más te hundirás y más deprisa. La teoría del esfuerzo invertido consiste sencillamente en relajarte, en pensar que si estás tranquilo y llenas los pulmones de aire, esto te hará flotar y no te ahogarás. Alan Watts, en La sabiduría de la inseguridad.

Alan Watts fue un lúcido y provocador filósofo británico de la contracultura y, al mismo tiempo, uno de los divulgadores más importantes del Zen en Occidente. Autor prolífico y sumamente estimulante, su obra versa sobre temas como el desarrollo de la consciencia, la construcción de la identidad, la naturaleza de la realidad, o la búsqueda del sentido y de la plenitud.

Con su teoría del esfuerzo invertido, Watts nos recuerda que si bien muy a menudo en esta vida debemos esforzarnos para aprender, crecer e integrar nuevas habilidades, no es menos cierto que en determinadas ocasiones para que las cosas salgan bien debemos serenarnos, contemplar con un cierto distanciamiento la complejidad de los asuntos que nos toca abordar, y esa actitud serena, templada y meditada puede ser mucho mejor compañera y consejera que la acción agitada y precipitada sin reflexión.

No podemos detener el río, no podemos interceptar la marea, muchas veces no podemos frenar lo que es y cuyo gobierno o gestión sobrepasa nuestras capacidades y habilidades. Pero este esfuerzo invertido no es sinónimo de resignación. La Teoría del esfuerzo invertido pasa por la consciencia, no por la resignación. Es decir, si yo soy consciente de que no puedo con ello y lo acepto, ello me permitirá hacer frente a la situación de una manera diferente, gracias al aplomo que nace de la serenidad y la templanza, quizás dos de nuestros mejores aliados a la hora de actuar.

Marco Aurelio, el sabio emperador, decía muy atinadamente que la sabiduría consiste en el arte de diferenciar lo que podemos cambiar de lo que no, y la metáfora que usa Watts para explicarnos su teoría es muy gráfica: si te mueves mucho y desesperadamente una vez has caído al agua y no sabes nadar, más que salir a flote, lo que harás es vaciar tus pulmones de aire, perder flotabilidad, agotarte físicamente y facilitar el hundimiento y el ahogo; en cambio, si estás quieto y procurar retener el aire en tus pulmones, te mantendrás a flote.

La sobreexcitación, la agitación, la precipitación o la brusquedad no son buenas compañeras para la reflexión necesaria, mientras que la serenidad es siempre buena consejera para conectar con la lucidez que nos lleva a la comprensión que alumbra escenarios, posibilidades y acciones ante la incertidumbre. Serenidad, reflexión, comprensión, acción; esa es la cadena de valor.

El paso previo a cualquier acción coherente es la comprensión. Si nos agitamos, si nos precipitamos, si emprendemos acciones que disipan nuestra energía sin ton ni son, no tendremos tiempo de comprender lo que tenemos que gestionar o cómo debemos responder, y lo que es peor, el fruto de nuestras acciones puede llegar a ser contraproducente.

Por tanto, la Teoría del esfuerzo invertido no es un grito a la inconsciencia; al contrario, es un grito a la consciencia, a la responsabilidad, a la acción lúcida que emana de la serenidad. Y desde allí, entonces sí, apliquemos el esfuerzo (para aprender a nadar, por ejemplo, y que la próxima vez que caigamos al agua sepamos cómo salir eficazmente de ella).

Alan Watts es otro autor necesario, rebelde, provocador, del que he tenido el placer de compartir alguna reflexión en otras entradas de mi página web, y cuya lectura os recomiendo con entusiasmo. No os dejará indiferentes.

Fuente: Reflexiones Blog Álex Rovira