Los neurocientíficos recomiendan que visites la playa regularmente

Todos sabemos que pasar tiempo al aire libre es bueno tanto a nivel físico como mental, pero los beneficios de pasar tiempo específicamente en la playa acaban de ser revelados.

Esa increíble sensación de paz y tranquilidad que experimentas en la playa se conoce ahora como “espacio azul”, es lo que los científicos han denominado el efecto que la combinación de los olores relajantes y los sonidos del agua tienen en tu cerebro. El “espacio azul” es suficiente para que te sientas a gusto de una manera hipnótica.

Cuando te das cuenta de lo relajado que te sientes en la playa, no es sólo en tu cabeza. La ciencia dice que es un cambio en la forma en que el cerebro reacciona a su entorno, lo que le permite sentirse feliz, relajado y revitalizado.

En general, este “espacio azul” te afecta de cuatro maneras diferentes:

1. Ir a la playa reduce el estrés

El agua es la cura de la naturaleza para los factores estresantes de la vida. Está lleno de iones positivos que ocurren naturalmente y que son conocidos por tener la habilidad de hacerte sentir a gusto. Así que, ya sea que vayas a nadar o simplemente sumerjas los dedos de los pies en el agua, seguramente experimentarás una sensación de relajación. ¡Es un elevador instantáneo del estado de ánimo que todos deberíamos usar de vez en cuando!

2. La playa potencia la creatividad

¿Te sientes como si estuvieras en una rutina creativa? Bueno, los científicos ahora creen que la solución a esto es la playa. Estar en el “espacio azul” te permite despejar la cabeza y abordar problemas o proyectos de una manera más creativa. Al igual que la meditación, la playa desencadena una sensación de calma que te permite desconectar de todo lo demás y reflexionar sobre lo que necesitabas enfocar.

3. Ir a la playa puede ayudar a reducir los sentimientos de depresión

Al igual que los efectos que la playa tiene sobre los sentimientos de estrés y las rutinas creativas, la playa también proporciona cierto alivio a los sentimientos de depresión. El sonido hipnótico de las olas en combinación con la vista y los olores de la playa pueden ponerte en un estado meditativo. A su vez, puedes limpiar tu mente y reflexionar sobre la vida en un espacio seguro lejos del caos de la vida diaria.

4. En general, pasar tiempo en la playa cambiará tu perspectiva de la vida

¡Y esa perspectiva va a cambiar para mejor! La naturaleza en general siempre ha sido un factor en la vida sana y feliz, pero la playa en particular es muy buena para el alma.

¡Así que es hora de ir a la playa!

Fuente: Conocermemás 

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El cuerpo es la caja negra que registra todo

Mario Salvador es psicólogo especializado en el trauma, esa mochila que sobrecarga una vida. Liberándose de ella, dice, surge el verdadero ‘yo’.

De niño, este psicólogo y psicoterapeuta gallego quiso ser arqueólogo, porque uno de sus profesores les llevaba, a los alumnos, a descubrir tesoros por el campo, a tocar la historia con las manos. Hoy, Mario Salvador (Lugo, 1959), se podría decir que ha fusionado la arqueología con la psicología. Estudia el arte de la psicoterapia como camino para hallar el tesoro más bien guardado de las personas: su verdadero yo. Para ello necesita levantar pesadas piedras, traumas que las vivencias van registrando en la mente y, siempre también -asegura-, en el cuerpo.

-¿Al cuerpo no se le pasa nada por alto? El cuerpo es como una caja negra en la que todo queda registrado. En la vida, cada uno vamos construyendo nuestras ideas del yo, en base a las experiencias que vivimos, algunas más o menos traumáticas. Acceder a los momentos en los que se escribió el mapa de esos diferentes yopermite reescribir lo que somos. Las ideas del yo son mutables, y accediendo a la caja negra, podemos llegar a la dimensión esencial de uno mismo.

-Por eso, a su libro sobre el yo y los traumas que lo cubren, lo ha titulado ‘Más allá del yo’ (ed. Elefthería). ¿A quién va dirigido? Está llegando al público en general, aunque en principio, lo hice pensando en los profesionales de la psicología y la psicoterapia. Porque la psicología, hasta ahora, ha estado muy basada en la evidencia, solo lo que la ciencia ha podido demostrar se aplica. Pero la ciencia es una lente muy pequeña, no solo funciona lo que ella explica. Cada cosa tiene un significado único para cada uno, porque somos muy complejos, y ser comprendido es un proceso de relación.

-¿Cómo sabes que te comprenden? Porque la respuesta que te da el otro está en sintonía, encaja. Si tú estás enfadado y yo te tomo en serio, eso encaja. Si tu estás asustado, y yo te ofrezco protección, encaja. Si estás triste y empiezo a explicar chistes, no encaja. Yo resueno con tu experiencia, sea de trauma o de placer.

-¿Cómo atrapa el cuerpo al trauma? En realidad, no son los acontecimientos lo que nos traumatiza, el trauma es algo muy físico, muy corporal. Depende de cómo nuestro cuerpo responde, de una manera refleja, a algo que nos amenaza. No manda nuestro cerebro pensante, sino el cerebro subcortical, sin pensamiento ni lenguaje. Ante una amenaza, podemos luchar, huir o, si no se puede escapar, un temor inenarrable queda congelado, nos paraliza y produce una desregulación orgánica y hormonal. Aún se conoce poco cómo el trauma afecta a nuestra biología. Muchas enfermedades autoinmunes tienen su origen en traumas como un desprecio. El cuerpo recuerda toda historia vivida.

-¿Y cómo se lee el cuerpo? Escuchándolo, fijándonos en nuestras sensaciones físicas y reacciones, gestos y microexpresiones. La práctica del mindfulness nos ayuda mucho en la terapia, hablar es solo la puerta de entrada, la profunda relación consigo mismo llega escuchando el propio cuerpo, y el mindfulness permite hacerlo observando con amor y aceptación de las propias experiencias y emociones, sin intervenir racionalmente.

-Es como hacerse amigo de uno mismo. Sí, una buena terapia es la que logra reinstaurar la autocapacidad de cura, con libertad, con capacidad de elección desde la conciencia. Cuerpo y cerebro tienen una capacidad innata para curarse. Pero para curar el trauma, hay que querer mirarlo.

-¿Cuál es el trauma que más acusan sociedades como la nuestra? El peor y más común es el trauma del déficit en las vinculaciones personales, los traumas más dañinos tienen que ver con la falta de seguridad, apoyo y cuidado en las relaciones, y el trauma de nuestra cultura es calmar en el consumo la necesidad de lo que de las personas no recibimos.

Fuente: El Periodico

*Si quieres acceder a tu “caja negra”, inscríbete en el próximo Taller Mindfulness a través del Movimiento en Feldenkrais Barcelona.

Está comprobado: la meditación sí cambia el cuerpo y la mente

Se supone que son tantos los beneficios de la meditación consciente que se ha vuelto cada vez más popular en los últimos años: reduce el estrés y el riesgo de padecer diversas enfermedades, mejora el bienestar y reconecta el cerebro.

Sin embargo, ha habido pocos experimentos para respaldar estas afirmaciones. Los defensores de esta práctica se han apoyado en muestras demasiado pequeñas con sujetos no representativos como monjes budistas aislados que meditan por horas todos los días, o bien, en estudios sin control aleatorio ni grupos que reciban placebo.

Pero este mes, un estudio que publicó la revista Biological Psychiatry proporciona rigor científico a la meditación consciente y por primera vez muestra que, a diferencia de un placebo, puede cambiar el cerebro de la gente común y corriente, y posiblemente, mejorar su salud.

La meditación consciente requiere “una atención abierta, receptiva y carente de juicios de la experiencia en el momento presente”, dijo J. David Creswell, director del estudio, profesor adjunto de psicología y director del Laboratorio de Desempeño Humano y Salud en la Universidad Carnegie Mellon. Una de las dificultades en el estudio de la meditación ha sido la cuestión del placebo. En los estudios de rigor científico, unos participantes reciben tratamiento y a otros se les da placebo: los últimos creen que están recibiendo tratamiento pero en realidad no es así. Pero, normalmente, la gente se da cuenta si está meditando. En colaboración con científicos de varias universidades, el Dr. Creswell logró fingir la meditación consciente.

Primero reclutaron a 35 hombres y mujeres desempleados que buscaban trabajo y padecían de un estrés considerable. Les tomaron muestras de sangre y tomografías del cerebro. A la mitad de los sujetos les enseñaron meditación consciente formal en un centro de retiro. El resto realizó una especie de falsa meditación consciente, enfocada en la relajación y en distraerse de las preocupaciones y el estrés.

“Pusimos a todos a hacer ejercicios de estiramiento, por ejemplo”, explica el Dr. Creswell. El grupo de conciencia plena puso atención a las sensaciones corporales, incluyendo las desagradables. Al grupo de relajación se le invitó a conversar e ignorar su cuerpo, mientras su líder contaba chistes.

Después de tres días, los participantes dijeron a los investigadores que se sentían renovados y con mayor capacidad de soportar el estrés del desempleo. Sin embargo, las tomografías de seguimiento mostraron diferencias únicamente en aquellos que habían practicado la meditación consciente. Había más actividad —o comunicación— entre las partes de su cerebro que procesan las reacciones relacionadas al estrés, así como en otras áreas asociadas con la concentración y la tranquilidad. Cuatro meses después, quienes habían puesto en práctica la meditación consciente tenían en la sangre menores niveles de un indicador de inflamación nociva comparados con los del grupo de relajación; aunque pocos integrantes del primer grupo seguían con la meditación.

El Dr. Creswell y sus colegas creen que los cambios en el cerebro contribuyeron a la reducción inflamatoria, aunque sigue sin saberse con precisión de qué manera. Tampoco está claro si es necesario pasar tres días en contemplación ininterrumpida para cosechar los beneficios. Sobre cuánta meditación es necesaria para mejorar la salud, el Dr. Creswell afirmó: “Todavía no sabemos cuál es la dosis ideal”.

Fuente: The New York Times