El Placer de Moverse Libremente

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Recuperar el placer del movimiento y la confianza en nuestro cuerpo.

En el taller, Tomarás Conciencia, a través de secuencias de movimientos diseñadas por Moshe Feldenkrais, en las que a partir de la exploración y vivencia de tu cuerpo en movimiento, descubrirás las mejores opciones del mismo obteniendo una sensación de libertad y bienestar que permanecerá en el tiempo.

Este proceso basado en la propia experiencia corporal permite a los participantes influir en sus hábitos cotidianos, variarlos, descubrir nuevas posibilidades y organizarse mejor a nivel gestual. Esta mejora de la funcionalidad del movimiento aparece progresivamente reflejada tanto en las tareas más cotidianas (estar sentado, alcanzar un objeto, mantenerse de pie, levantarse) como en aquellas donde se requiere gran habilidad (bailar, actuar, cantar, hacer deporte). Y ello en cualquier situación y a cualquier edad.

Respetando el cuerpo y el ritmo de cada persona, la mirada no está puesta en “lograr” ni en seguir un ejemplo fuera de uno mismo, sino en nuestro cuerpo así como es en ese momento, “aquí y ahora”. Los alumnos siguen las instrucciones de acuerdo a sus propias posibilidades en cada momento.

Durante el taller aprenderás a:

Movilizar las costillas y las vértebras de una forma inhabitual para que la espalda se estire relajadamente.
Aprender cómo la pelvis y las caderas son el centro de apoyo, el equilibrio y el poder.
Desarrollar flexibilidad, fuerza y movilidad en las articulaciones.
Visualizar y utilizar la imaginación para iniciar y completar un movimiento deseado.
Practicar y mejorar el equilibrio en un ambiente seguro.
Despertar pies y tobillos como sensores del equilibrio.
Descubrir diversas opciones de interacción entre las piernas, la pelvis, la espalda y la cabeza.
Utilizar las piernas para alinear cada una de las vertebras en una postura tan cómoda que posiblemente habías olvidado.
Reconocer la interacción de espalda y rodillas utilizando a éstas como palanca para activar la pelvis y la columna.
Comunicarse con la espalda a través de los pies y entender la importancia del apoyo de los mismos en la alineación de la columna vertebral.
Activar la conexión neurológica entre los pies y la región inferior de la espalda.
Revitalizar las vertebras con cada movimiento en brazos, hombros, omóplatos y columna.
Estimular tu sistema nervioso para que alcance su máxima vitalidad conectándolo con el movimiento fluido y refinado.
Experimentar opciones motrices distintas a las habituales para descubrir tu propio potencial.
Disfrutar de una sorprendente libertad de movimientos, dejándote llevar por ellos, para abrirte un camino al cambio que te llevará a abandonar la forma habitual de sostener tu cuerpo y tu imagen.

Enfocado a:

Personas que pasan mucho tiempo sentadas o de pie, que sufren de estrés o realizan alguna actividad física que sobrecarga su espalda, cuello, hombros y articulaciones. Se dirige, también, a todas aquellas personas que desean obtener en su vida cotidiana, más bienestar y aumentar su potencial para actuar, tanto a las personas que quieran empezar a conocer la práctica de este método de conciencia del movimiento, como a las que quieran seguir explorando en él para obtener nuevos recursos y aumentar su vitalidad a través de una nueva experiencia del movimiento consciente de su cuerpo. A todo tipo de profesionales: actores, terapeutas, profesores, músicos, bailarines, profesionales de la salud, de la educación y de la empresa.

Plazas Limitadas previa Inscripción.

Fuente: Feldenkrais Barcelona

¿Es la felicidad una decisión personal o un hábito?

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La felicidad no es un hábito, ni mucho menos una decisión. La felicidad va surgiendo del aprendizaje y resolución de los errores psicológicos.

Continúan apareciendo publicaciones que dan como ciertos conceptos erróneos como “entrenarse para la felicidad”, que “la felicidad es una decisión “. O incluso más absurdo todavía, que “la felicidad es un hábito “. Sería como decir, por ejemplo, que el amor a los hijos es un hábito que hay que ejercitar. El amor es un sentimiento, no se puede ejercitar.

La felicidad, el objetivo número uno

Siendo que la felicidad es el objetivo principal de todos los seres humanos, ¿es que son tan torpes que no se les ocurre decidir ser felices?

Evidentemente, esto no es así. La felicidad no es una simple decisión, ni algo que se consigue empeñándose o ejercitándola. Por supuesto que para ser feliz hay que dedicarle tiempo y atención al asunto, pero no con cuatro ideas simples y mucha tenacidad.

Si cuando los pioneros espaciales quisieron salir de la atmósfera terrestre lo hubieran hecho sin calcular qué forma debía tener el vehículo espacial, o la propulsión necesaria para contrarrestar la fuerza de la gravedad…, difícilmente hubieran tenido algún éxito. Y si no hubieran aprendido de las sucesivas experiencias, reflexionando sobre los errores, y proyectando soluciones, difícilmente habrían sido capaces de construir una estación espacial en órbita habitada permanentemente.

De la misma forma, la felicidad se obtiene paulatinamente a medida que se aprende, observando, reflexionando y entendiendo la realidad.

¿Cómo hay que hacer entonces?

Para ser feliz es imprescindible resolver lo que hace sufrir. La base del malestar y el sufrimiento proviene de los errores psicológicos. Estos errores son los conceptos erróneos que impiden entender y abordar la realidad con acierto.

Algunas ideas básicas que ayudan a encontrar el verdadero camino a la felicidad:

– El malestar o sufrimiento acontece en nuestro interior, en pensamientos, sensaciones y emociones. Las circunstancias externas pueden desencadenar el malestar, pero el sufrimiento ocurre dentro de uno.

– Claro que hay situaciones difíciles en la vida, la pérdida de un ser querido, la enfermedad, las dificultades económicas o los conflictos de relación, por ejemplo. Pero se puede aprender a abordar estas situaciones para minimizar el sufrimiento y abordarlas con inteligencia y serenidad.

– Enfocarse en actuar solamente sobre las circunstancias externas, tratando de cambiarlas, de evitarlas o de obviarlas como solución del problema interno no será suficiente en la mayoría de las situaciones.

– Conformarse con el sufrimiento, asumirlo, rebelarse, negarlo, justificarlo, culpar a alguien, culparse uno mismo…, todo esto son formas infructuosas de resolver el malestar.

– No hay que engañarse pensando que se sufre sólo por los demás. Principalmente se sufre por miedos, miedos propios, y se puede aprender a identificarlos para poderlos resolver.

– Para resolver el malestar, hay que prestar atención y aprender no sólo del comportamiento propio y ajeno, también de lo que se piensa y de lo que se siente.

El camino hacia la felicidad es darse cuenta y resolver los errores psicológicos, comprender la realidad y abordar la vida correctamente.

Fuente: El Huffington Post

La curiosidad, el verdadero motor del aprendizaje

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¿Alguna vez te has preguntado qué llevó al ser humano a explorar los fondos marinos, a escalar las montañas más altas, a poner los pies en la superficie lunar o a enviar varios robots a Marte? La curiosidad es un instinto natural que confiere una ventaja de supervivencia a ciertas especies, posibilitando el conocimiento de su entorno y favoreciendo conductas de adaptación al miso. Es el aspecto emocional que engendra en los seres vivos conductas de exploración, investigación y aprendizaje. En el caso de los seres humanos la curiosidad es la base sobre la que se apoya el desarrollo científico y tecnológico, y en el que debería basarse el proceso educativo y de formación de los individuos de nuestra sociedad.

El ser humano en sus etapas más tempranas del desarrollo muestra una gran curiosidad por sí mismo, por los demás y por su entorno. En los niños más pequeños podemos apreciar ese indicio de curiosidad por observar todo lo que les rodea, así como alcanzar y manipular los objetos que tiene a su alcance. Todo este proceso dota al niño de información que le será muy útil en su proceso de aprendizaje. Lo lamentable es que conforme vamos creciendo parece que nuestra curiosidad va disminuyendo, ya sea porque la educación que recibimos provoca que asociemos el aprendizaje con algo aburrido, mecánico y carente de valor para nuestro día a día, o por determinados aspectos culturales que nos hacen entender que la curiosidad está mal vista ―téngase en cuenta el refrán «la curiosidad mató al gato»― puesto que se asocia con temeridad y falta de precaución.

El experto en neurociencia Charan Ranganath parece haber demostrado que la curiosidad prepara al cerebro para el aprendizaje y la memoria a largo plazo. Para ello realizó un estudio en el que a los participantes se les hacía una pregunta, y 14 segundos después se les mostraba un rostro de forma aleatoria. Se puedo comprobar que cuanto mayor interés generaba una pregunta, más se favorecía una mayor eficacia a la hora de recordar, ya que los sujetos no solo recordaban mejor la respuesta, sino que también el rostro de la foto que habían visto 14 segundos después de la pregunta.

La curiosidad también es la base del desarrollo del talento. Esto ocurre porque primero encontramos algo que llama nuestra atención y nos interesamos por ello. Después la curiosidad nos lleva a buscar más información sobre ese tema, y finalmente profundizamos en ese campo desarrollando una serie de habilidades concretas. Por ejemplo, podría darse el caso de que en un momento determinado nos llamase la atención ver a alguien patinando por el paseo de la ciudad costera que solemos visitar. Posteriormente buscaría información sobre qué equipaje necesito para patinar, qué patines son los que mejor se adaptan para un patinador novel o cuáles son los mejores lugares para empezar. Finalmente me iniciaría en la práctica del patinaje de forma gradual, e iría desarrollando las habilidades necesarias para desenvolverme en este deporte.

Cuando una actividad concreta despierta nuestra curiosidad, esto promueve nuestras emociones positivas, nos permite fijar la atención en ella, facilita la toma de decisiones complejas y posibilita un aumento de la perseverancia necesaria para alcanzar las metas. Por todos estos motivos, los maestros que consiguen despertar la curiosidad en sus alumnos consiguen que éstos encuentren la experiencia del aprendizaje más satisfactoria y obtienen mejores resultados.

¿Cómo podemos fomentar la curiosidad en los niños?

  • Debemos favorecer su exposición a diferentes experiencias. En el proceso de aprendizaje la repetición es esencial para consolidar algunos conocimientos y habilidades, así como para generar hábitos; no obstante debemos tratar de proporcionarles cuantas más vivencias mejor tanto a nivel motor como cognitivo.
  • Les presentaremos determinadas actividades de forma enigmática y misteriosa, haciéndole ver que es algo que se sale de lo cotidiano, como podría ser la visita a un museo o a algún entorno natural.
  • Favorecer que nos hagan preguntas, dándoles a entender que no hay preguntas estúpidas. Les otorgaremos respuestas sinceras, con información adecuada para su edad.
  • Ayudarles a desarrollar su imaginación a través de cuentos, juegos y dramatizaciones para que puedan explorar y construir mundos imaginarios.
  • Proporcionarles la oportunidad de realizar manipulaciones y experimentos sencillos como podrían ser recetas de cocina u otros con materiales tan básicos como el agua y la arena de la playa.

La curiosidad también está asociada con la inteligencia, la autonomía, la autoestima y la capacidad para resolver problemas. Esto ocurre porque la curiosidad y el conocimiento se retroalimentan, ya que adquirir conocimientos específicos despierta nuestra curiosidad, lo cual aumenta nuestro deseo de conocimiento y esto a su vez fomenta nuestra creatividad. Cuando nuestras habilidades en un campo concreto aumentan, la sensación de dominio sobre esa materia o disciplina  hace que aumente nuestra curiosidad para hacerlo mejor, e incluso para adquirir nuevas habilidades.

Por otro lado, el desconocimiento sobre lo que uno no sabe es el gran enemigo de nuestra curiosidad. También el exceso de confianza o el narcisismo puede menguar nuestra curiosidad, impidiendo que nuestro conocimiento y nuestras habilidades se expandan por el mero hecho de pensar que ya lo sabemos todo. Al igual que otro factor tremendamente limitante es el miedo a salir de nuestra zona de confort.

Solemos escuchar a menudo que la motivación es el motor que nos mueve. Esto ocurre porque la curiosidad provoca que nos interesemos por algo, y la motivación es el impulso que nos mueve a realizar determinadas acciones y a persistir en ellas para alcanzar un fin determinado. Siguiendo con esta metáfora, si consideramos que la motivación es el motor de nuestro aprendizaje, tenemos que tomar conciencia de la importancia de la curiosidad, puesto que ésta sería la chispa producida por la bujía que pondría en marcha ese motor.

¡Tened en cuenta que alimentar la curiosidad de forma constructiva es una de las mejores vías de crecimiento personal! El aprendizaje no tiene que ser para nada una tarea ardua y aburrida como tal vez nos enseñaron en el colegio, el instituto o la universidad. Hay pocas experiencias tan gratificantes como aprender algo que realmente nos guste y que sentimos que vamos dominando. En su libro Flow el psicólogo Mihalyi Csikszentmihalyi nos dice que el estado de flujo es aquel en el que la persona está absorta en una actividad que le produce gran satisfacción, perdiendo así el sentido del tiempo y de cualquier estímulo externo. Es una vivencia intensa, pero controlable. Es el estado que muestra un niño cuando juega, un bailarín cuando baila, un músico cuando toca su instrumento o un deportista cunado entrena. Seguro que lo has sentido alguna vez, de lo contrario no coartes tu curiosidad, dale vida y seguro que llegas a experimentarlo. ¡Te encantará!

A continuación os dejamos un pequeño vídeo explicativo del físico teórico estadounidense Michio Kaku, en el que explica cómo en los institutos se mata la curiosidad por la ciencia.

Fuente: nueces y neuronas

Explorar el Movimiento, un Viaje hacia uno Mismo

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Una vía de encuentro y autoconocimiento explorando el movimiento. Un viaje interior a través del movimiento consciente, con el objetivo de recuperar una mayor flexibilidad, eficiencia y armonía en el cuerpo y la mente.

Experimentar diversas maneras de moverse para reconquistar, alinear y liberar las articulaciones y la respiración. Buscaremos mejorar nuestra disposición físico-mental y disfrutar de nuestro cuerpo en diferentes posturas y en movimiento.

Tomarás Conciencia a través de secuencias de movimientos, diseñadas por Moshe Feldenkrais, en las que a partir de la exploración y vivencia de tu cuerpo en movimiento, descubrirás las mejores opciones del mismo obteniendo una sensación de libertad y bienestar que permanecerá en el tiempo.

Durante el taller aprenderás a:

Alejarte del estrés, los dolores y las tensiones debidas a malas posturas.
Explorar la respiración y descubrir la flexibilidad y movilidad de tus costillas.
Aumentar la flexibilidad, coordinación y el bienestar corporal.
Mejorar la postura, movilidad y funcionalidad del cuerpo.
Utilizar imágenes mentales para mejorar y ampliar la imagen interna y la eficiencia del movimiento.
Desarrollar la atención al momento presente en acción.
Agudizar la atención al propio cuerpo y a su uso.
Reducir el dolor y el malestar para aprender a moverte con mayor facilidad y comodidad, eliminando tensiones innecesarias.
Aprender el arte de los movimientos conscientes para aumentar tu bienestar y re-descubrir la flexibilidad en cuerpo y mente.
Sentirte cómodo y en armonía contigo mismo y con el entorno.
Comprender el vínculo entre postura y emociones.
Estimular el cerebro a través del movimiento.
Descubrir nuevas maneras de realizar lo que habitualmente hacemos, generando mejores alternativas y haciendo posible la elección de la más beneficiosa.
Disfrutar de una sorprendente libertad de movimientos, dejándote llevar por ellos, para abrirte un camino al cambio que te llevará a abandonar la forma habitual de sostener tu cuerpo y tu imagen.

Respetando el cuerpo y el ritmo de cada persona, la mirada no está puesta en “lograr” ni en seguir un ejemplo fuera de uno mismo, sino en nuestro cuerpo así como es en ese momento, “aquí y ahora”. Los alumnos siguen las instrucciones de acuerdo a sus propias posibilidades en cada momento.

Enfocado a:

Personas que pasan mucho tiempo sentadas o de pie, que sufren de estrés o realizan alguna actividad física que sobrecarga su espalda, cuello, hombros y articulaciones. Se dirige, también, a todas aquellas personas que desean obtener en su vida cotidiana, más bienestar y aumentar su potencial para actuar, tanto a las personas que quieran empezar a conocer la práctica de este método de conciencia del movimiento, como a las que quieran seguir explorando en él para obtener nuevos recursos y aumentar su vitalidad a través de una nueva experiencia del movimiento consciente de su cuerpo. A todo tipo de profesionales: actores, terapeutas, profesores, músicos, bailarines, profesionales de la salud, de la educación y de la empresa.

Plazas Limitadas previa Inscripción.

Fuente: Feldenkrais Barcelona